Las horas del comedor son complicadas en todos los colegios porque suponen “ratos muertos y desestructurados”. Son horas cuya gestión no corresponde al centro educativo (según confirmación del propio departamento de Educación) ya que no están dentro del horario escolar. Por ello, las APYMAS en los colegios públicos y el propio centro en los casos de los colegios concertados y privados son los encargados de este cometido. Pero en realidad… son tierra de nadie.

Son cientos los niños y jóvenes que utilizan este servicio, pero es proporcionalmente mucho menor el número de responsables de organizar y cuidar estos tiempos. El comedor es un espacio donde el ruido y el alboroto complica el marcar unas normas para que impere el orden. Estas horas pueden resultar algo complicadas para muchos niños y jóvenes pero si además muestran dificultades en las relaciones sociales, la comunicación o tienen hipersensibilidad a los sonidos… todo se intensifica. A esto se añade la falta de cuidadores, con el resultado de niños con TEA o TGD que deambulan por los patios intentando huir del bullicio, frustraciones porque no consiguen interactuar con sus iguales o comportamientos no comprendidos ni compartidos por sus compañeros, que llevan a situaciones insostenibles de gran sufrimiento.

Ante esta realidad abro dos vías en las que creo todos podemos mejorar. Por un lado, en relación a los cuidadores, resulta vital que su número sea suficiente para atender a la diversidad y que además estén formados en autismo. La situación preocupa y mucho a las familias de niños con TEA, ya que ante la inexistencia de recursos para poder poner un cuidador más, las familias “son invitadas” a no llevar a su hijo al comedor, ya sea de continuo o de forma puntual (si el cuidador falta un día de la semana concreto). ¿Dónde está la igualdad de oportunidades de los niños y niñas navarros? ¿Qué ocurre si los padres trabajan y no pueden llevarlo a casa a comer? Ya lo sabemos, ajo y agua. Esta situación corrobora una vez más que el más débil es el que siempre pierde.

Habrá menos recursos pero estamos hablando de que niños de cuatro, siete, doce años no pueden compartir la rutina del cole porque no hay una persona que los guíe y ayude, por lo que una vez más los apartamos del resto, una vez más hacemos distinciones.

Por otro lado, considero realmente importante que desde las escuelas infantiles y los colegios normalicen y traten con naturalidad el simple hecho de que hay personas con otras cualidades. ¿Por qué no crear desde que somos pequeños unos patios y recreos dinámicos, donde el que presente dificultades en mates o inglés eche una mano al que le resulta complicado jugar a caravín caravan?

No creo que sea justo que nosotros, la sociedad neurotípica, seamos quienes pongamos la zancadilla a personas con dificultades. Vamos a ayudarles en la medida de lo posible, que la vida ya les pondrá límites (si es que tiene que ponérselos). ¿Por qué insistimos en qué ellos se adapten a nosotros, a nuestros tiempos, a nuestras normas, cuando somos nosotros los que debemos adaptarnos a ellos, a sus necesidades?

Siglo XXI, sociedad avanzada en tecnología, en ingeniería, en investigaciones…pero pobre, muy pobre en valores, valores sociales, esos que marcarán las acciones y comportamientos de los que hoy son niños pero mañana serán adultos. ¿Qué y quien se ocupa de dar respuesta a estos niños y jóvenes y sus familias, en el difícil rato del comedor y recreo?

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